El lugar donde habita la ternura

Obra: Arrullos para Benjamín

Por Edwin Sarabia – Muestra Crítica 2021

Fotos: José Jorge Carreón

Ausencia, melancolía, secretos, universo de olor a limón y nostalgia. Dos pequeños que encuentran a través de sus historias fantásticas un refugio ante el abandono y la soledad.

Arrullos para Benjamín, original del dramaturgo morelense Hassam Díaz, se presentó en el marco de la 41 Muestra Nacional de Teatro por la emblemática compañía chihuahuense Teatro Bárbaro, en el foro Orientación del Centro Cultural del Bosque. En la puesta en escena, dirigida por Rogelio Quintana, actúan Jorge Herrera, Armando Seañez y Natalia Corral quien interpreta el papel de Benjamín conservando su identidad femenina.

La anécdota nos cuenta la historia de dos hermanos, Hugo y Benjamín, que se enfrentan al abandono de su padre en dimensiones distintas: Hugo, quien vivió ocho años la felicidad del cariño paterno; y Benjamín, quien no logró conocerlo pues Odiseo, el papá, se fue el mismo día de su nacimiento. También sufren del olvido sistemático de la madre y el rechazo de otros infantes de su edad, suponemos, por el estigma de crecer sin padre.

La línea argumental enfatiza los complejos vínculos fraternos entre seres humanos, las relaciones entre hermanos y primordialmente la potencia revolucionaria de la ternura como antídoto ante la barbarie y el dolor. Una temática pertinente en tiempos donde hemos experimentado tanta desesperanza, pues nos regala un soplo de fraternidad

La pieza mantiene una poética que nos aproxima a universos oníricos y mundos extraordinarios. Su línea argumental despliega dos dimensiones temporales: presenciamos en escena a Hugo, ya en edad adulta, que evoca su infancia, aquel momento donde “las mariposas hacían volar los sueños”; por otra parte, se encuentran Hugo adolescente y Benjamín de ocho años que, por medio de juegos y metáforas, nos hacen partícipes del sufrimiento y orfandad ante la ausencia paterna. De igual manera, el manejo de simbolismos narrativos resulta sugerente: un padre llamado Odiseo que desaparece y nunca vuelve, el canto de las sirenas, un viento que revolotea presagiando la tragedia, por mencionar algunos ejemplos.

Observamos un dispositivo escenográfico portátil que permite transitar varios cuadros según se acomoden los elementos y se dispongan espacialmente: barriles representando árboles de un bosque cercano a un lago, una mesa rectangular siendo el comedor de una casa, un teatrino donde se nos cuenta la increíble historia del mago Shazam, la orilla de un lago o el interior de una habitación. Un elemento destacable es la presencia de hojarasca desperdigada en el piso del escenario que genera un paisaje sonoro, tenue rumor del bosque; además, permite ubicarnos geográficamente a un contexto rural, quizá una comunidad pequeña que colinda con un lago, lo cual concuerda con la propuesta plástica y el diseño de vestuario presentado. Se antoja una iluminación menos oscura a ciertos momentos, puesto que la obra transcurre en todo momento en un ecosistema de penumbra. Llama la atención que un montaje de escenografía compleja, como en este caso, se haya presentado en un espacio reducido como el Teatro Orientación.

La pieza mantiene un tono intimista que resulta profundamente entrañable generando un ambiente de complicidad empática con el espectador, en parte gracias al destacado trabajo de los actores en la escena. Cabe destacar que dos de los intérpretes son adolescentes, que, junto al actor adulto, proyectan una armonía acompasada logrando un trabajo de manufactura precisa, equilibro estético, calidez vocal, tránsitos espaciales bien coreografiados, corporalidad que eclosiona y contrae con delicadeza y un prolijo manejo de los matices y la gestualidad facial.

Si bien existe a lo largo del montaje el uso de una musicalidad precisa, sobre el final se escuchan en off vocecitas de niños. El recurso rompe con la línea melódica utilizada hasta ese momento. El cierre de la puesta en escena, de igual manera, resulta ilustrativo, como si se preparara al público para disponerlo emotivamente para el cierre. Ambos hechos resultan inexplicables pues el uso de metáforas precisas y el buen ritmo actoral resultaban suficientes para conmover al público.

La obra nos invita a reflexionar sobre aquellos lugares del corazón donde los sueños se mantienen intactos, una dimensión del recuerdo donde habita la ternura, lo cual no resulta menor en tiempos catastróficos como los que vivimos, pues hoy más que nunca, amar es una osadía.