Entre la luz y la oscuridad de un territorio

Obra: Bioluminiscencia

Por Sonia Gregorio – Muestra Crítica 2021

Fotos: Gloria Minauro / José Jorge Carreón / Raúl Kigra 

Foto en portada: Gloria Minauro

La escenografía de Ricardo Salgado y Joaquín Segura enmarca el escenario: sobre una tarima dos mamparas con una red de cuerdas, a la derecha una banca de madera y a la izquierda un andamio de dos niveles que será utilizado en diversas ocasiones por los personajes. La música en vivo a cargo de Pablo Avelino Rodríguez en la batería, introduce la atmósfera. Entran a escena dos jóvenes con uniforme de colegialas: Susana (Sagrario Bahena Zempoalteca) y Aída (Griselda Muñoz Muñoz). Ambas comienzan una enérgica coreografía parecida a los famosos bailes de K-pop, que será retomada en varios momentos de la obra.

Bioluminiscencia, escrita por Ana Reyes Butron y dirigida de Irakere Lima, es una propuesta del colectivo Fábrica de Arte Tlaxcalteca enfocado en la dramaturgia y creación escénica para generar el diálogo social. Cuenta la historia de Susana y Aída, dos amigas adolescentes, que enfrentan la complicada y actual situación de la trata de mujeres desde dos perspectivas. La puesta en escena visibiliza una de las formas de operación de este crimen, que tiene que ver con redes de familias enteras dedicadas al “oficio” y donde entran en juego en primera instancia los hombres (padres, hermanos, hijos, tíos, etc.) y luego las mujeres (hijas, esposas, madres).

Foto: Gloria Minauro

En la obra, la familia de Aída se dedica a la trata de personas y tanto ella como su primo Roberto (Alfonso Lucio Delgado) tienen una tarea en la red familiar. Roberto se encarga de reclutar a las jóvenes enamorándolas y una vez que las lleva a casa, Aida se encarga de cuidarlas. El conflicto aparece cuando una de las víctimas resulta ser Susana, la mejor amiga de Aída.

La historia nos lleva a las profundidades de un tema que cobra potencia si tomamos en cuenta que la agrupación es originaria de Tlaxcala, estado que alberga el municipio de Tenancingo, considerado la cuna de los proxenetas y la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Hoy no es un problema específico de Tenancingo, sino de 23 municipios de los 60 que comprenden la entidad. En este sentido, la obra tiene carga política y contestataria y entabla un diálogo con su territorio. Bioluminiscencia refiere el proceso a través del cual los organismos vivos producen luz, específicamente las luciérnagas, características de Tlaxcala. Tanto así, que en el municipio de Nanacamilpa se encuentra el Santuario de las luciérnagas. De este modo, el texto busca construir una metáfora al vincular la luz de las luciérnagas con la inocencia de las adolescentes.

Foto: Raúl Kigra

Sin embargo, la metáfora de la luz y la inocencia se excede cuando las actrices infantilizan sus voces quitándole potencia al discurso que se vuelve lejano. No vemos a esas dos adolescentes: una enamorada con todo lo que implica eso en la pubertad y otra conflictuada por ser parte de una familia de proxenetas y saber que su amiga corre peligro. Vemos a dos adolescentes con voces infantiles que simulan ser algo que no son. Las actuaciones no expresan cómo el cuerpo entero es afectado por un tema tan grave como este. La obra, sin embargo, nos deja ver que la adolescencia es una edad vulnerable y que en esta etapa el amor más allá de ser un medio de reconocimiento y disfrute puede llegar a ser un peligro, sobre todo cuando se habitan territorios marcados por la violencia.

Foto: José Jorge Carreón

A pesar de los detalles en la actuación, la propuesta tiene coherencia y resulta urgente, porque nace desde el territorio donde habita el conflicto. Hace visible un tema que si bien todos sabemos que existe, pocas veces lo reconocemos en todas sus aristas. La puesta en escena es un acto de resistencia ante las constantes desapariciones de mujeres, no solo en Tlaxcala sino en todo el territorio mexicano.

Al finalizar la función las mamparas se llenaron de carteles de búsqueda de jóvenes desaparecidas y las actrices mostraron unas cartulinas con las leyendas “El teatro no es trata” y “Fuera agresores del teatro”, en un acto de protesta contra las constantes violencias que vivimos las mujeres en los espacios en los que nos desarrollamos, incluido el teatro.