La maternidad es un pavo relleno de metateatralidad

Obra: El Juego de Mamá

Por Juan Carlos Araujo – Muestra Crítica 2021

Fotos: José Jorge Carreón / Raúl Kigra

Foto en portada: Raúl Kigra

Esta obra se llevará hasta el fracaso. Esta sentencia se escucha desde una voz en off de un personaje ausente referido como “La Autoría”. En escena cuatro actores con diminutas máscaras balinesas puestas en sus coronillas representan a una familia disfuncional. Desde el telar pende una membrana roja de gran tamaño hecha de estambre y tela. en representación de un gran útero. El títere de un pavo de grandes dimensiones, con senos caídos y vagina expuesta, clama por su hijo ausente: Fernando.

Este bizarro conjunto de elementos convive a lo largo de la obra El Juego de Mamá, puesta en escena de Luis Alcocer, director del Proyecto Granguiñol Psicotrónico, que participa en la 41 Muestra Nacional de Teatro.

Foto: José Jorge Carreón

Luisa ha invitado a su novio Mario a celebrar el día de las madres con su familia. Ahí, el recién sobreviviente de tuberculosis se enfrentará a la enfermiza relación entre dos hermanas altamente competitivas, a tener que rellenar un ave a fin de probar su capacidad de trabajar en una carnicería y, finalmente, a una grotesca madre representada como el ya antes mencionado pavo monumental. Ésta perturbadora figura materna aparece en escena por primera vez con las entrañas afuera, en un acto desesperado por llamar la atención de sus hijas. En medio de esta surreal situación, los personajes hablan muy amablemente cuando muestran la máscara balinesa al público, pero expresan sus verdaderos sentimientos cuando se ven a la cara.

Esta dantesca narrativa podría ser el argumento de una multiplicidad de películas psicotrónicas, mejor conocidas como películas B, que remiten a clásicos del género como ¿Qué fue de Baby Jane? o El Show de Terror de Rocky. No obstante, buscar entendimiento lineal en la historia es un ejercicio fatuo, ya que el mismo autor no pretende contar una historia como tal, sino provocar estímulos tanto viscerales como mentales en el espectador.

Foto: José Jorge Carreón

La dramaturgia y escenificación están íntimamente ligadas a elementos del teatro de lo grotesco y a la estética del Théatre Grand Guignol de Paris, espacio que durante gran parte del siglo XX se dedicó a montar obras de terror de corte naturalista.

Ejemplo de ello se percibe cuando, tras presentarse como una mártir, la madre se revela como un ser monstruoso que violenta a sus hijas y cuya única obsesión es el regreso de su hijo pródigo perfecto. La escena culmina con la recreación de La Piedad de Miguel Ángel entre el pavo medio quemado y Mario asfixiado tras el intento de regresarlo al vientre materno a través de la vagina. El elenco conformado por Antonio Saavedra, Héctor Iván González, Carmen Ramos, Itzhel Razo y Andoni Guerrero es cómplice de la delirante visión de Alcocer. Las actuaciones son exacerbadas, por momentos casi falsas, decisión coherente con el elemento psicotrónico. No obstante, crean rompimientos realistas como cuando interpelan directamente a “La Autoría”, ya que son los actores, y no sus roles, los que se dirigen a ella.

Foto: Raúl Kigra

En la misma línea de exploración escénica, esta voz en off que también puede ser interpretada como la figura teatral del Director/Dios, invita al espectador a que cuestione el rol que se nos asigna desde que nacemos y la máscara que se nos impone para pertenecer. Esta entidad está consciente de ser parte de una obra de teatro, discute con los intérpretes y revela parte de los procesos creativos detrás de este montaje. Toda una gama de recursos metateatrales que culminan con la revelación de un creador con las vísceras expuestas, que sale de las entrañas del pavo/madre cuestionando qué hará el púbico con lo que ha recibido durante los 70 minutos que dura la obra, antes de volver a protegerse en el interior de la membrana que ha estado presente en el escenario colgando del techo en un último número de danza aérea.

El Juego de Mamá es un viaje fascinante que desafía el entendimiento. La experiencia lúdica escénica que se propone está ligada a la capacidad del espectador de entregarse a una puesta en escena que a primera impresión pareciera carecer de toda lógica. El rechazo o el goce penden de dicha entrega. Por momentos perturbadora, en otros divertida gracias a un muy negro sentido del humor, la obra cuestiona la maternidad, la falsedad con que la gente transita por el mundo para poder pertenecer a la sociedad, la naturaleza misma de hacer teatro. En entrevista con Luis Alcocer el creador comenta: “No se trata de decodificar, se trata de experimentar”. Ese es el juego que El Proyecto Psicotrónico propone.