Un encuentro con el cuerpo como territorio

Obra: Concerniente al albedrío

Por Majo Alanís – Muestra Crítica 2021

Fotos: José Jorge Carreón

Foto en portada: José Jorge Carreón

Templo, jaula, cárcel, territorio: las metáforas empleadas para definir el cuerpo femenino se multiplican al paso de la historia, en su mayoría siguiendo un ritmo frenético dictado por la multiplicación de las miradas sobre las mujeres a través de su propia superficie. El cuerpo de cada mujer es lo que le permite tener experiencia del mundo, una experiencia que está estructuralmente marcada por una violencia selectiva, parametrizada según sexo/género, raza, color de piel, edad, nacionalidad y condición de clase1

¿Qué nos impide ejercer nuestro albedrío plenamente? La compañía de teatro de la Ciudad de México Realidades Asimétricas busca dar respuesta a partir del proyecto de puesta en escena Concerniente al albedrío que explica los procesos corporales, psíquicos y emocionales que vivimos las mujeres frente a la violencia.

Para el programa de la Muestra Nacional de Teatro, la propuesta se traslada al Centro Nacional de las Artes, donde el escenario se halla dispuesto con tres gradas apuntando a butacas y para el diseño escenográfico se cuenta con una silla al frente y una pantalla para proyectar detrás.

Foto: José Jorge Carreón

“Estoy harta de tu mirada que me desnuda…grabaré de memoria como es, pero no me mires más”. El proyecto es una propuesta de cartografía corporal, que no señala personajes concretos, sino que apela a la universalidad de los mismos, las actrices en representación de las mujeres, recurso estimulante de los discursos encarnados en un cuerpo protagonista de la biografía de las sujetas.

Presenta un trazo escénico que parece arbitrario durante la primera parte de la puesta. La dinámica varía cuando alternan lugares entre ambas para narrar y accionar una con respecto de la otra. La musicalización apuesta por integrar efectos sonoros que generan un ambiente de intriga durante todo el trabajo, lo que agota rápidamente la atención del espectadorx. En la proyección se muestran trazos de líneas perpendiculares asemejando una red que cruza el cuerpo, animaciones de cubos que en sus paredes exponen rostros y partes del cuerpo, un mapa de feminicidios en México e imágenes de aves rapaces que esbozan analogías con respecto de la forma de vida de las mujeres (alude a que, como las aves, las mujeres nos encontramos en constante peligro) comparación que no resulta de un vínculo específico que la sustente.

Foto: José Jorge Carreón

A partir de juegos de sombras y del tratamiento a los poemas de Arístides Vargas, Jaime Sabines, Nahui Olin y Patricia Cardona que conforman la dramaturgia, se usa la utilería de forma metafórica para explicar el significado de ser mujer hoy. Con la caja de Pandora hacen salir los “males del mundo”, piedras que aluden conceptos como la inconformidad, sensibilidad, espíritu, cuerpo, intuición, sensualidad, alegría y determinación, nos hacen cuestionarnos si estas cualidades son exclusivamente “femeninas” o también son atribuibles a “lo masculino”. Tendría que realizarse un cuestionamiento sobre aquellas características “esenciales”. Hay otras herramientas que despegan nuestra atención de lo planteado. Por ejemplo las imágenes que se cuelgan en una cinta de precaución, mientras se leen en el proyector algunas frases que se refieren al feminicidio o el video proyectado al final que no se ancla del todo a la narrativa.

El elemento esencial de esta puesta es el desnudo, las actrices se presentan despojadas de vestido de principio a fin, lo que genera en primera instancia una expectativa en cuanto al desarrollo del discurso. Sin embargo, no agotan las posibilidades de acción y creación a partir del propio cuerpo para sustentarlo. La cartografía corporal se expone de manera literal, esta decisión raya en los límites de la artificiosidad. El uso de este recurso no empata con la poetización del espacio y la dramaturgia.

“¿Tendría que renunciar a mi título de mujer?” Resulta confuso interpretar si lo que presenciamos en esta puesta es el ficcionar y por lo tanto actuar con relación a una situación específica o se trata de una intervención directa con le espectadorx a partir de un efecto de distanciamiento. Si la actoralidad es la herramienta por la cual se busca producir la reflexión, ésta se encuentra desproporcionada en relación con los elementos estéticos. Es plana y se corta abruptamente al final de la obra.

Foto: José Jorge Carreón

Son dos mujeres con la incertidumbre que genera la necesidad de hacer frente a la realidad con libertad en la toma de decisiones estando insertas en un contexto de violencia. Proponen la reapropiación de un cuerpo vulnerado y culpabilizado por la sociedad. Sin embargo, es de importancia cuestionar el lugar de enunciación, pues es el director Ignacio Ferreyra quien propone una interpretación desde los márgenes de una o muchas experiencias que no le atraviesan de manera directa. Sería riesgoso que él busque denunciar en escena los hechos y conflictos, más allá de aportar con la organización de los elementos que plantean las actrices, ya que podría accionar a partir una percepción alejada y ajena al problema y como consecuencia prestar al producto a un tratamiento superficial.  Son Daniela Palao y Mara Espinosa quienes dan su cuerpo a la escena y al servicio de un discurso que problematiza con razón las lamentables cotidianeidades que a ellas SÍ las atraviesan. Que esta reflexión sea un detonante para la creación completamente desde la mirada de ellas.

Frente al espacio cartográfico que propone imágenes homogéneas e identificables, se propone para el análisis un territorio-cuerpo y tierra en conflicto, desde el cual erradicar la violencia y reconstruir condiciones de habitabilidad y convivencia. 

 

1 Marchese, G. Del cuerpo en el territorio al cuerpo-territorio: Elementos para una genealogía feminista latinoamericana de la crítica a la violencia.