Una mirada al espacio íntimo de la maternidad

Obra: Yermicidio, reflexión escénica

Por Dalia López Cortés – Muestra Crítica 2021

Fotos: Raúl Kigra / Gloria Minauro

Foto en portada: Raúl Kigra

Quisiera empezar esta reseña crítica enfatizando el reto que genera escribirla a pesar del anclaje emocional e identificación personal que experimenté como espectadora y como mujer. En ese sentido, considero prudente hablar de “yermicidio” desde el corazón. No obstante, me enfocaré en los aspectos fundamentales del argumento y la presentación del montaje en cuanto construcción estética y simbólica para el presente ejercicio crítico.

El espacio está conformado por una mesa con una computadora y un telón que funciona como pantalla. Al centro, un espacio de juego en donde se sitúa el pequeño hijo de la actriz. Al fondo a la derecha, un hombre y una mujer esperan sentados. Frente a ellos hay una mesa y otra computadora que parece ser el medio por donde se controla el audio. En ese mismo espacio también se encuentran una guitarra y dos ukeleles. Una tercera persona se encuentra en un espacio donde apenas alcanza a tocar la luz. Su presencia podría ser casi imperceptible, pero su papel en la obra tiene mucha mayor importancia de la que se alcanza a comprender.

Foto: Raúl Kigra

Yermicidio es una propuesta de formato no dramático en donde se genera un puente entre lo íntimo y lo escénico. Es actuada, escrita y dirigida por Carla Mireya Álvarez, producida por María Aranda y apoyada por Pedro Álvarez, en la asistencia de cuidado, de preparación de galletas y como voz en off. Utiliza música en vivo y cantos (Pedro Ordoñez y Teresa Miranda) en donde se interactúa con el público con el objetivo de poner en evidencia la cultura y el conocimiento sobre diferentes temas que giran en torno a la maternidad. Por una parte, la autora y actriz de la obra Carla Mireya, afirma que el amor, específicamente el amor materno, es un acto de revolución ante el poliamor y las relaciones que Bauman definiría como líquidas. Asimismo, la actriz expone mediante el diálogo su inconformidad por la tendencia al rechazo social que viven las mujeres que deciden ser madres. Por último, se identifica en la puesta en escena una necesidad por exponer la violencia obstétrica que sufren muchas mujeres en el país.

Al principio de la puesta en escena, la actriz expresa múltiples ideas frente a una computadora con respecto a la maternidad. Al preguntarle sobre lo que buscaba lograr con esta escena, ella responde: “Es una diarrea mental de ideas sobre la maternidad, la sociedad. Quería soltarlas. Buscar un descargue emocional para luego pasar a otra cosa”. Aunque la intérprete de Yermicidio consigue su cometido, existe cierta ambigüedad en cuanto a lo que busca expresar a quién quiere enviar el mensaje. ¿Es a todas las personas? ¿A las madres? ¿A los hombres? ¿A las mujeres? ¿A las personas que deciden maternar? O ¿A quienes deciden no hacerlo?

Foto: Gloria Minauro

Quien escribe puede interpretarlo como la necesidad de responder a los ataques y juicios constantes que muchos usuarios del internet comparten en sus redes sociales hacia las mujeres que deciden ser madres. Sin embargo, el dispositivo mediante el cual se busca hacer llegar el mensaje puede que, debido a la multiplicidad de temas que se abordan en este primer monólogo, desvíe la interpretación de los espectadores al verdadero mensaje que la autora busca dar a entender.

Carla Mireya pasa a un segundo momento donde, a consideración de quien escribe, deja ver el discurso central de la obra: La maternidad como un acto revolucionario. Pues es el amor, específicamente el materno, la respuesta que salva al ser humano de la guerra, el odio y el desamor que se vive en la actualidad.

Foto: Raúl Kigra

“Las mujeres somos personas, luego somos madres y luego seguimos siendo personas”. La actriz lleva el espacio íntimo de su casa al escenario. Nos presenta a su hijo. Le acompaña su hermano. Todo el tiempo vemos a su pequeño en escena y su relación con él. Se desnuda frente a la audiencia para mostrar un cuerpo que materna, que amamanta. Utiliza un plumón para marcar su cuerpo, un cuerpo al que le duele la maternidad en el pecho, en la espalda, el vientre y la mente, un cuerpo que se entrega en ser y alma como un acto de amor.  En ese momento Teresa Miranda, intérprete escénica, canta con la actriz mientras le limpia las marcas. A esta acción se agrega su hijo, quien refuerza el argumento. El hecho de mostrar a su hijo en escena, además de normalizar la figura de la maternidad desde el hecho teatral, también demuestra a la mujer artista y madre como un ser que puede ser político. El cierre tiene un efecto potente en el público, pues en la función muchos espectadores se dejaron tocar emotivamente por el tema de la obra. Probablemente, una de las razones principales por las cuales se genera esta empatía es por la honestidad que refleja en cuanto a la realidad de las mujeres que deciden ser madres y que, como menciona la intérprete, siguen siendo humanas.