Una salida tras las rejas

Obra: Caneros

Por Sonia Gregorio- Muestra Crítica 2021

Fotos: José Jorge Carreón / Raúl Kigra

Foto en portada: José Jorge Carreón

Al tercer día de iniciada la 41 Muestra Nacional de Teatro se presenta Caneros, única obra hasta el momento, donde la masculinidad no está colmada de lo mosntruoso, sino al contrario, recupera el lado humano de un sector de la población fácilmente estigmatizado.

Caneros explora la travesía emocional de cinco reclusos que han encontrado en el teatro una salida ante el encierro, cinco voces masculinas que nos permiten conocer la interioridad de sujetos que socialmente parecen perder su subjetividad al ser condenados. La producción forma parte del programa En compañía de La compañía y es el resultado de una colaboración entre el grupo Iguana Roja, de Mazatlán Sinaloa, y la Compañía Nacional de Teatro, con dramaturgia y dirección de Ramón Gómez Polo y un elenco conformado por tres actores mazatlecos: Alejandro Careaga, Josar, José Manzanilla y dos de la Compañía Nacional de Teatro: Luis Rábago y José Carlos Rodríguez.

Foto: Raúl Kigra

La escenografía de Ángel Moreno dibuja sutilmente el espacio sin ser demasiado innovadora y nos presenta lo justo y necesario: al fondo los barrotes de una celda, a la derecha un colgador con diversos vestuarios y a la izquierda una pequeña mesa con una jarra de agua, un vaso, un atomizador, cuatro bancos y una silla de madera.

La acción dramática comienza con dos hombres vestidos de frailes. Al escucharlos discutir nos enteramos que acaban de representar una obra y uno de ellos, Carlos (José Manzanilla), decidió no salir a recibir los aplausos. La dramaturgia basada en las historias reales de un grupo de internos del Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito (CECJUDE) de Mazatlán, Sinaloa, que forman parte del taller de teatro que el dramaturgo y director imparte dentro del centro penitenciario, resulta contundente.

Con la justa información se nos suscita empatía hacia los personajes. Los pequeños huecos que deja desde el principio producen en el espectador un interés mayor. En esta obra lo más importante no es la representación de la marginalidad o la injusticia del sistema penitenciario, como sucede con otras propuestas de este tipo, sino la visibilización del la humanidad y vulnerabilidad de estos hombres, la apuesta por el teatro como una herramienta para habitar la condena y al mismo tiempo como un mecanismo de resiliencia. Así, Daniel, uno de los personajes, dice “lo único que me ayuda a soportar el día son mis ensayos”.

Foto: José Jorge Carreón

Jacques Rancière menciona en El Espectador emancipado, a propósito de la revelación ante los mecanismos de dominación: “Para los dominados la cuestión no ha sido nunca tomar conciencia de los mecanismos de la dominación, sino hacerse un cuerpo consagrado a otra cosa que no sea la dominación. No se trata de adquirir un conocimiento de la situación sino pasiones que sean inapropiadas para esa situación”.

Encontrar una salida en medio del encierro a través del teatro es un tipo de desalienación que rompe sensiblemente con la figura del dominado otorgándole la capacidad de tomar sus propias decisiones. Los cinco hombres ya no solo son reclusos, la cercanía con el arte transforma el mapa de lo perceptible y de lo pensable creando nuevas formas de experiencia de lo sensible, el encierro parece volverse otra cosa. Tan es así que Carlos se encuentra en el dilema de no querer abandonar la prisión una vez cumplida su condena. Esta obra presenta dos cuestionamientos fundamentales: ¿qué pasa cuando la libertad no está afuera sino adentro? ¿Merecen estos hombres una segunda oportunidad?

Caneros presenta una posibilidad de autoredención a través del arte y demuestra que una profunda humanidad habita incluso aquellos escenarios que el sistema social crea para marginar a quienes han cometido un crimen, espacios que muy pocas veces cumplen con su objetivo de ser centros de reinserción social.

Foto: Raúl Kigra

A pesar de que la obra trata un tema que podría cargarse de densidad, se vuelve ligera gracias a los tintes cómicos que contiene. Las magníficas actuaciones de Daniel (Carlos Rodriguez) y Don Gustavo (Luis Rábago) logran que el público empatice desde el primer momento: el juego metateatral enriquece la puesta. La escena en la que dos de los personajes se pelean con navaja, inaugura una dinámica de teatro dentro del teatro que se continúa a lo largo de la función.

Caneros es una obra completa, ágil, de justa medida en todos los elementos que entran en juego a la hora de la representación. Aunque está construida con historias reales, no hay exceso de anécdotas y afortunadamente no recurre a la narraturgia, técnica donde los personajes narran sus acciones al espectador, sin que estas aparezcan necesariamente en la escena como acción, un formato que ya resulta cansado y que aparece de manera recurrente en la obras que forman parte de esta edición de la Muestra.